Que está pasando con el dólar?
El DXY es casi dólar contra euro. Qué mueve de verdad al dólar: tasas, inflación y deuda, y por qué el peso colombiano está tan fuerte frente a él.

Y el dólar qué? Por qué el DXY no te está diciendo lo que crees
¿Abres el gráfico del DXY, lo ves cayendo y ya das por hecho que el dólar está débil y que a Estados Unidos le está yendo mal? Pilas, porque esa lectura de qué está pasando con el dólar te puede costar platica.
El DXY no es "el índice del dólar" en el sentido en el que la mayoría lo usa. Y si vives en Colombia, México, Chile o Perú, hay una segunda capa que casi nadie te explica: tu moneda local puede estar fortísima sin que tu país esté mejor. Acá vas a entender lo que sí mueve la aguja: qué mide realmente el DXY, cómo las tasas de interés le dan o le quitan fuerza a una moneda, por qué la inflación que sale en las noticias no es la que importa, y qué tan real es eso de la desdolarización. Al final te dejo el caso del peso colombiano desarmado pieza por pieza, que es el ejemplo perfecto de todo lo anterior junto.
Voy a ir retándote con preguntas en el camino. Respóndelas mentalmente antes de seguir leyendo, porque ahí es donde uno se da cuenta si de verdad entendió o solo asintió.
1. QUÉ ESTÁ PASANDO CON EL DÓLAR: EL DXY ES, BÁSICAMENTE, DÓLAR CONTRA EURO
Empecemos por el mito. El DXY no promedia al dólar contra todas las divisas del mundo. Es una canasta de seis monedas, y una sola de ellas se lleva más de la mitad del peso: el euro, con cerca de un 57%. El resto —yen, libra, dólar canadiense, corona sueca, franco suizo— pesa muy poquito cada una.
Qué hay realmente dentro del DXYPeso de cada moneda en la canasta del índiceEURO — 57.6%Yen japonés — 13.6%Libra esterlina — 11.9%Dólar canadiense — 9.1%Corona sueca — 4.2%Franco suizo — 3.6%Yuan chino: 0%— la segunda economía del mundo no está en la canasta.
¿Y por qué eso importa tanto? Porque significa que el DXY puede subir sin que a Estados Unidos le vaya mejor. Si al euro le va mal, el DXY sube. Puede ser que a las dos economías les esté yendo mal, pero a Europa le vaya peor: el índice igual sube y tú, mirando solo esa vela verde, concluyes que "el dólar está fuerte". Y al revés, el DXY puede caer con una economía gringa estable simplemente porque el euro se afirmó.
Ojo, tampoco es que el DXY sea basura. El euro es una moneda fuerte y ver al dólar contra ella sí te da un indicio. Pero es un indicio, no un veredicto. Un índice realmente representativo del poderío de Estados Unidos tendría que incluir al yuan, y con un peso considerable. No lo tiene.
El DXY no te dice cómo está el dólar. Te dice cómo está el dólar frente al euro, con algo de ruido alrededor.
2. LAS TASAS: EL MOTOR QUE SÍ MUEVE A UNA MONEDA
Primer reto. Si las tasas de interés de un país suben, ¿la moneda de ese país sube o baja?
Piénsalo dos segundos antes de leer la respuesta.
La moneda sube. Y la lógica es más simple de lo que parece, pero hay que arrancar de una idea incómoda: la deuda es el nuevo dinero. Casi todo el dinero que circula en una economía nace de un crédito. Entonces, cuando el banco central sube las tasas:
Endeudarse sale más caro, así que personas y empresas piden menos crédito.
Menos crédito significa que se está creando menos dinero nuevo.
Ese dinero escasea.
Y lo que escasea, se valoriza.
Por qué tasas altas = moneda fuerteLas tasasde interés subenEndeudarse cuestamás: menos créditoMenos dinerocirculandoLa monedase valorizaY al revés: tasas que bajan —o que se quedan quietas mucho tiempo— le van quitando fuerza.
Ahora, ¿qué está pasando hoy? Que las tasas de la Reserva Federal llevan quietas desde diciembre del 2025, entre 3.50% y 3.75%. Ni suben ni bajan. Y una moneda que se queda sin ese motor tiende a perder fuerza, sobre todo cuando la inflación no ha bajado a donde la FED quisiera (ese objetivo cercano al 2.5% que llevan años sin alcanzar).
Y aquí conviene aclarar quién manda: la política monetaria de Estados Unidos la dicta la FED, no el presidente ni el Banco Mundial. Lo hace a través del FOMC, el Comité Federal de Mercado Abierto. Ese comité además cambió de cara: Kevin Warsh reemplazó a Jerome Powell en la presidencia, y por primera vez desde septiembre de 2016 hay miembros que disienten en la misma dirección. Traducción: hay división interna real sobre qué hacer.
Pilas con algo: lo que la FED dice pesa casi tanto como lo que hace. Si mantienen las tasas pero anuncian "si esto sigue así, en septiembre toca subir", eso no garantiza que suban, pero el mercado ya reacciona hoy. La proyección que se ha venido manejando es que a final de año las tasas puedan moverse entre 3.6% y 4.1%, porque diciembre casi siempre trae su golpecito de inflación: más compras, más transporte, escasez de materiales.
3. LA INFLACIÓN QUE TE MUESTRAN NO ES LA QUE IMPORTA
Segundo reto, y este casi nadie lo acierta: cuando se publica el reporte de inflación subyacente, ¿qué datos quedan por fuera?
¿Petróleo y dólar? ¿Energía y divisas? ¿Energía y alimentos? ¿O no queda nada por fuera?
La respuesta es energía y alimentos. Se dejan por fuera porque pueden cambiar de precio de la noche a la mañana y de forma brusca. Se cierra el estrecho de Ormuz y el petróleo se dispara; se anuncia paz y se desploma. Ese vaivén metería tanto ruido que taparía la tendencia real de los precios.
En ese vaivén vive un concepto que vale oro entender: la prima de riesgo. No es una prima de las que salen en las fiestas familiares; es el costo adicional que los inversionistas están dispuestos a pagar solo por el riesgo asociado a un activo. En el petróleo hemos estado hablando de cerca de 22 dólares por barril que son puro riesgo geopolítico, no oferta ni demanda real.
Entonces, ¿cuándo hay que preocuparse de verdad? Cuando la inflación subyacente empieza a parecerse a la inflación general. Ahí ya no es que el petróleo esté caro por la guerra: es que ese sobrecosto se filtró al transporte, al empaque, al producto en la góndola. Y eso es exactamente lo que se ha venido asomando.
Un indicador que casi nadie mira y que sirve como alarma temprana: el Baltic Dry Index, que mide las tarifas de los fletes marítimos. Si transportar mercancía se encarece, ese costo termina en el precio final de todo: la gasolina, la comida, los productos que compras. Hoy no está en los niveles locos de 2020-2021 (los encallamientos, el COVID, todo ese desorden), pero sí está por encima de donde estaba antes de la pandemia. Vale la pena echarle una miradita de vez en cuando: hay rastros de inflación, y llevamos más de cinco años con la inflación por encima de lo que la FED busca.
Por eso el oro se ha venido lateralizando en vez de definir rumbo. Venía de una subida animal hasta los 5.500 dólares la onza —una exageración por la forma tan abrupta en que subió, no necesariamente por el nivel— y corrigió con tomas de ganancias y cierres de posición. Vas a leer titulares tipo "el peor año del oro". Ojo con eso: cayó de un máximo histórico a cerca de otro máximo histórico reciente. Quien compró hace años sigue con profit; quien compró en enero, no. Esos datos hay que tomarlos con pinzas.
4. LA DESDOLARIZACIÓN VA COMO UN GOTERO
Tercer reto: ¿qué significa realmente "desdolarización"?
No es que el mundo deje de usar dólares. Es algo más específico y más lento: que el dólar deje de ser la moneda por defecto de los negocios internacionales. Ahí está el punto, en cómo se comercia entre países.
Los números del Fondo Monetario Internacional cuentan la historia sin drama: la participación del dólar en las reservas internacionales pasó de 57.13% a 56.42%. El euro también perdió terreno y el yuan viene subiendo, hoy cerca de un 2.99%. Un punto porcentual suena a poquito, pero en este tamaño es bastante.
Y ahora la perspectiva larga, que es la que de verdad importa: en el año 2000 el dólar pesaba cerca del 71% de esas reservas. Del 71% al 56% hay un trecho enorme… solo que no pasó en un año, pasó en 26. Como decía un economista por ahí, la desdolarización es como un gotero: gota a gota, pero cae.
Pilas antes de que te emociones anunciando el funeral del dólar:
El 89% de todas las transacciones del mercado de divisas siguen teniendo dólar de un lado. Por costumbre, por facilidad de acceso, por lo que sea, pero ahí está.
Cerca del 54% de la facturación de exportaciones globales se hace en dólares.
La guerra le sirve al dólar. La incertidumbre lo vuelve refugio, y si las tasas suben, encima se vuelve atractivo. No es casualidad que a los gobiernos gringos les convenga jugar con el "hoy sí, mañana no".
Lo que sí está pasando es una pérdida lenta de confianza: el manejo de los presidentes, los conflictos como el de Estados Unidos e Irán, el hecho de que meterse en guerras ya no se vea como antes. Y del otro lado, países como China, Rusia o Brasil que se van coordinando. No van a sacar una supermoneda que destrone al dólar mañana, pero sí van abriendo agujeritos. En 20 o 25 años probablemente veamos cambios más fuertes.
5. ¿Y EL PESO COLOMBIANO POR QUÉ ESTÁ TAN FUERTE?
Acá es donde se junta todo. En 2025 el dólar tuvo su peor trimestre desde el 73, la época del quiebre de Bretton Woods. Y del lado de acá, el peso colombiano se valorizó cerca de un 29.86% entre el 28 de julio de 2025 y el 28 de julio de 2026, pasando de rondar los 4.400 a estar cerca de los 3.097. No solo es la moneda más fuerte de Latinoamérica: está peleando el puesto de la moneda que más se valorizó del mundo.
La tentación es leerlo como "Colombia se volvió un país increíble de un año para otro". Ni es orgullo ni es derrota: es un tema de riesgo, y tiene cuatro motores identificables.
Motor 1: el diferencial de tasas
Si ya entendiste el punto 2, esto se cae de maduro. El Banco de la República tiene la tasa en 12% desde julio de 2026, con meta de inflación del 3% anual. La FED está entre 3.50% y 3.75%. El Banco Central Europeo está en 2.25%.
El diferencial de tasas: por qué la platica viajaTasa de referencia de cada banco central12.00%ColombiaBanco de la República3.50–3.75%Estados UnidosReserva Federal2.25%Zona euroBanco Central EuropeoEl capital busca el rendimiento más alto. Para cobrarlo en Colombia, primero hay que comprar pesos.
Para un inversionista extranjero eso es una diferencia enorme. Y para cobrar ese 12% le toca primero comprar pesos. Más demanda de pesos, peso más caro.
Motor 2: el dólar globalmente flojo
Buena parte de lo que ves no es que el peso esté "wow", sino que el dólar viene percibiéndose como menos atractivo a nivel global, por todo lo del punto anterior. Es apreciación del peso, sí, pero empujada desde afuera.
Motor 3: la deuda (este es el grande)
Este es el motor principal y casi nadie lo menciona. El gobierno emitió deuda en pesos —los TES— que no se compra con dólares, sino con pesos colombianos. Resultado: los extranjeros pasaron de tener cerca de 105 billones de pesos a 150 billones en deuda pública colombiana a mediados de este año.
Piénsalo: si para comprar el bono tienes que conseguir pesos primero, y encima ese bono te paga a tasas del 12%, entonces cada inversionista que entra empuja al peso hacia arriba. La deuda es el nuevo dinero, y acá se usó exactamente así.
Motor 4: el petróleo y el costo de oportunidad
Históricamente el peso ha tenido una correlación clarita con el petróleo: sube el crudo, sube el peso; cae el crudo, cae el peso. Eso es costo de oportunidad puro: lo que dejas de ganar por estar parado en un activo y no en otro.
Lo interesante es que hoy esa correlación se está diluyendo, justamente porque el motor dominante dejó de ser el petróleo y pasó a ser la deuda.
Las grietas
Ahora la parte incómoda, porque varias de las decisiones que fortalecieron al peso en el corto plazo son las mismas que generan las vulnerabilidades del largo plazo:
La calificación bajó de BB a BB-. Menos calificación es más riesgo percibido sobre la deuda del país.
Hay déficit fiscal, que en cristiano es que el Estado gasta más de lo que recauda en impuestos. Es como el que se endeuda para mostrar que tiene: durante un tiempo funciona, hasta que no hay ni para pagar ni para mostrar.
Un 12% no es sostenible. Esas tasas se terminan pagando con impuestos a ciudadanos y empresas, y eso se traduce en economía más golpeada, menos empleo y menos capacidad adquisitiva.
La inflación local sigue pegando, y esta vez por alimentos más que por tasas: 6.8% en alimentos, 5.9% en restaurantes, 8.39% en educación, 9.59% en salud. Sumado a un salario mínimo que subió por encima de la inflación, que alivia a algunos por un rato pero mete más presión al sistema.
El riesgo político. Cada gobierno tiende a desarmar lo del anterior por ego, así lo del anterior sirviera. Y hay un detalle que casi nadie tiene en cuenta: un presidente casi siempre gobierna los resultados de lo que hizo otro dos gobiernos atrás. Los efectos no se ven al instante.
El escenario que de verdad duele es este: que Estados Unidos tenga que subir tasas justo cuando Colombia tenga que bajarlas. Ahí se voltea el diferencial y el dinero extranjero no sale caminando, sale como un tornado.
¿Y entonces qué se hace con eso?
Mirando el gráfico: el techo del USDCOP estuvo en 5.191, y el precio promedio entre 2020 y 2025 rondó los 4.188. Hoy estamos en zonas de retroceso profundo —entre el 78% y el 88% de Fibonacci—, que son justamente las zonas donde el mercado suele hacer reversiones fuertes. Podría caer más, hasta los 3.000 o incluso cerca de los 2.888. Pero en ese rango de 3.100 a 2.900 la posibilidad de reacción es real, y un regreso a promediarse entre 4.200 y 4.500 es un escenario bastante más realista que hablar de 6.000.
Con esa lectura, comprar dólares en estos precios se ve interesante. Pero pilas con dos cosas: sigue siendo una inversión de riesgo, y la forma importa. En vez de meter todo de un solo golpe, sirve fragmentar: comprar por partes a lo largo del tramo, y usar el promedio histórico de los años anteriores como referencia de punto de salida. Ese promedio no es una bola de cristal, es un nivel donde el mercado ya demostró que le gusta pararse.
Y esto no aplica solo a Colombia. Si eres de México, Chile, Perú o Argentina, el ejercicio es idéntico: mira la calificación de la deuda de tu país, mira las tasas de tu banco central contra las de la FED, revisa quién está comprando la deuda local, y pregúntate si tu moneda está fuerte por mérito propio o porque el dólar está flojo.
EN RESUMEN
El DXY es 57% euro y no tiene yuan. Úsalo como indicio, nunca como el termómetro definitivo del dólar.
Tasas que suben fortalecen la moneda, porque hay menos crédito, menos dinero nuevo circulando y por lo tanto más escasez. Las de la FED llevan quietas desde diciembre del 2025.
La inflación subyacente deja por fuera energía y alimentos. La señal de alarma es cuando la subyacente empieza a parecerse a la general. El Baltic Dry Index te avisa antes que los titulares.
Lo que la FED dice mueve el mercado antes de que haga algo. Con presidente nuevo y disidencias internas, las palabras pesan más que nunca.
La desdolarización es real pero lenta: del 71% al 56% de las reservas en 26 años, mientras el dólar sigue en el 89% de las operaciones de divisas. Gotero, no derrumbe.
El peso colombiano está fuerte por cuatro motores: diferencial de tasas (12% contra 3.5%), dólar globalmente flojo, deuda emitida en pesos que obliga a comprar pesos, y el petróleo. El grande es la deuda.
Una moneda emergente fuerte no significa un país fuerte. Calificación en BB-, déficit fiscal y tasas insostenibles son las grietas que hay que vigilar.
Si te llevas una sola cosa de acá, que sea esta: deja de leer un solo gráfico y sacar conclusiones de ahí. El dólar se entiende cruzando tasas, inflación real, deuda y contra qué lo estás midiendo. Ese cruce es el que te deja tomar decisiones en vez de reaccionar a titulares.
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